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29.3.17

Pocos escritores han tenido una vida tan prolífica y azarosa como Nicolás Edme Restif de la  Bretonne (Sacy, 1734 - París, 1806), protagonista privilegiado de los momentos finales de la monarquía francesa, activo colaborador tanto de los que la defendían como de los que la atacaban, así como testigo de la Revolución y los terribles acontecimientos posteriores. 



Autor de casi doscientas obras, escribió sobre todo lo que pasó por delante de sus ojos o su imaginación, alternando las novelas con las obras de reflexión. Probablemente se consideraba a sí mismo un reformista, porque buena parte de esa extensa producción está formada por volúmenes que tratan de establecer normas para un mejor desarrollo de las actividades del hombre. Como por ejemplo “Les gynographes”, o “L´andrographe”, en los que establecía como debía ser el comportamiento correcto para hombres y mujeres. También podía asumir la condición de pornógrafo, y de hecho fue él quien recuperó el termino en su famoso texto “Le pornographe” (1769), en el que trató de regular y normalizar la prostitución, que en el París de aquella época era un negocio de proporciones inimaginables. Y gustó también del género utópico, redactando numerosas utopías en las que a veces se adelantaba a su época y a veces disparataba. 
Restif de la Bretonne fue conocido en su día por su conducta licenciosa; deambulaba por el París de los bajos fondos y tenía toda una corte de mantenidas y prostitutas con las que indagaba en los límites de lo erótico. Disfrutó de incontables amantes, así como de una prolija descendencia, (hay quien habla de docenas de hijos) de la que no se ocupó en absoluto. Partidario en principio de los ilustrados, no tuvo reparos en actuar contra ellos cuando le convino, desempeñándose en diversos trabajos con tal de que le proporcionasen alguna compensación económica. Otra de sus obras más famosas fue Noches de París, 1793, en la que realizó una crónica de los acontecimientos revolucionarios con un estilo vibrante y veloz que se asemeja al periodismo. Fue asimismo enemigo acérrimo de Sade, pues consideraba que debía ser el placer y no el dolor, el que dominase la vida erótica. En 1798 publicó su novela, La anti-Justine, como un ataque deliberado a los postulados del Divino Marqués. 

Extracto del libro "Libertinos, pornógrafos e ilustrados" Ediciones Traspiés, 2017


1 comentario:

  1. Hola Parafilias y parafilios:

    Varias cosas, la primera, celebrar que alguien, en algún lugar en un libro llamadao “Libertinos, pornógrafos e ilustrados” se recuerde del gran Retif, un autor poco conocido y mal traducido al castellano. Por ejemplo, a una derivada de su nombre se debe la denominación del “retifismo” una parafilia que indica el fetichismo por los zapatos: textura, diseño, olor, color, dolor, placer, etc. etc. Y ello se debe, entre otras cosas, por la obsesión de Retif por los zapatos y, sobre todo por los pies pequeños dentro de los zapatos. En su calidad de fisgón-narrador, que es como suele aparecer en “AntiJustine” o en “La hija seducida” (La Fille Naturelle ¿?), siempre busca el sitio exacto para observar los pies femeninos. Ligado a lo anterior y en la inevitable comparación con Sade, más allá de innumerables consideraciones y matices, me quedo con el afán narrativo de Retif, siempre intenta contar una historia. Sade por el contrario, realiza la descripción grandes tótems de cuerpos trabados. Las historias son ínfimas, en ningún momento aquello es novela erótica y pienso que ni tan sólo novela: todo queda en la inmediatez.

    Finalmente destacar que si bien es cierto que la descendencia de Retif es numerosísima y nunca reconoció legalmente a ninguno de sus hijos, se vanagloriaba a sus 60 años -¡¡todo un sobreviviente en el final del XVIII francés!!- de tener ¡¡¡216 hijas!!! Y que con más de una de ellas había mantenido relaciones sexuales “muy satisfactorias por ambas partes”.

    En 1982, Ettore Escole, en su película “La Nuit de Varennes” realiza un gran retrato de Retif en un encuentro y contrapunto con Casanova, que nunca existió en realidad, pero que nada impide imaginar su posibilidad.

    Disculpad por haberme enrrollado más de la cuenta.

    Salut

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