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6.3.17

Ilustración para "Juliette o las prosperidades del vicio"

Pero la figura que lleva el libertinismo a su grado más alto, el autor que logra una mayor compenetración entre pensamiento, vida y obra, hasta el punto de que su simple nombre ya es sinónimo de perversión, es el marqués de Sade, Donatien Alphonse François (París, 1740 - Charenton, 1814), que pasó buena parte de su existencia en cárceles y prisiones; una vida durante la cual escribió decenas de obras, la mayoría de ellas destruidas o desaparecidas. Y sin embargo, ese puñado de obras que se salvaron de las llamas, unido a su vocación, a su absoluto convencimiento de que lo pregonaba en ellas era un mensaje irrenunciable, lograron que su influencia en la literatura y el pensamiento posterior fuese capital. Aunque de un modo desordenado y en ocasiones contradictorio, Sade defiende una nueva moral, la moral del placer en su máxima expresión podríamos decir, y lo hace sin reservas ni remilgos. El placer, su búsqueda por los medios que estén a nuestro alcance es su norte, y de ahí se deducen las demás normas de comportamiento. Ateo, provocador, descarnado, sincero, arbitrario, inmoral, sus obras y su misma existencia cayeron como una bomba en la sociedad francesa de antes de la Revolución, que pese a haber leído ya numerosas obras libertinas, tardó años en digerir el pensamiento del Divino Marqués.

Fragmento del libro "Libertinos, pornógrafos e ilustrados", de Ana Morilla y Miguel Á. Cáliz 

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