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30.11.13

Mi querida señorita



Hugo García 

Ilustración Marina Guiu

Dijeron: tú calladita. Ni tele ni revistas. Dijeron: ve con cuidado, Maxi era “un caballero de la Armada” y tú no eres nadie.
Maxi comenzó a visitarme después de un fiestorro militar. Siempre a horas discretas y de paisano –el uniforme de Almirante sólo para ocasiones especiales-. Amable, meticuloso, pero de trámite rápido, casi profiláctico. “No me gusta este trato”, le dije. “Soy una profesional no una ‘kalinka’ ucraniana”, le dije. Y esa misma tarde Maximilian Stewart y Sierra me dijo: “¡déjate las medias!”. Acababa de presentarme a Maxi. Combinar ligueros, medias de blondas negras, blancas o beiges fue divertido y fácil. El día que lo recibí en pantys, enloqueció. Comenzó a comprármelas él. Nylon, Lycra, Seda Fría. Glace, Doré, Reflejos plata. Me convertí en sus medias.
Soy puta vieja. Enseguida supe qué le gustaría hacer. Se lo propuse el día que pasó todo. No fue difícil embutir aquellas piernas casi lampiñas en una pantys de rejilla ‘Perla Negra’. El solito se subió a los tacones de aguja. Lo dejé que se pusiera burro ante el espejo, después aparecí vestida únicamente con gorra y chaqueta de Almirante. “¡Estás guapísima, perra!” le dije al oído y a su imagen. Se llevó las manos al pecho y se derrumbó.
Después, interrogatorios. Pasma. CNI. Y siempre: “Te conviene seguir calladita”. Me dan risa. No saben que el silencio es carísimo. La viuda de Maxi fue la primera que lo entendió. 


Relato incluido en PERVERSIONES.

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