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18.2.12

Pinchazo

Miguel Ángel Molina
La eligió a ella ya que era la que menos le recordaba a su mujer, y puestos a darle una alegría al cuerpo mejor experimentar sensaciones nuevas. Pese a que frente a su fogosidad y entrega sólo recibió frialdad fue recorriendo su cuerpo dejando en él un inmenso reguero de saliva. Cuando su excitación le indicó que era el momento decidió penetrarla suavemente procurando no dañarla. Fue acompañando sus embestidas de besos y mordiscos que le hicieron llegar rápidamente al límite del orgasmo, pero segundos antes del clímax un sorprendente e interminable “Psssssssss…” hizo que todo se desinflara. 

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