¡Atención! Este blog puede herir o estimular tu sensibilidad.

20.2.17

Bibliofilia



José Abad

Ilustración: Hugo Rg [pobreartista]

Que me llames anticuado, pase, pero rebato el resto de acusaciones. Qué mal hay, pregunto yo, en trascender nuestras necesidades primarias. ¡Qué mal hay, pregunto, en civilizar este ímpetu animal que encerramos en las cuadras de nuestro ser! Tú me respondes con una pregunta retórica: Que a quién se le ocurre, en momentos tales, toda esta parafernalia… ¿Ves? Has dicho “parafernalia”. Hace un año, cuando nos conocimos, habrías usado términos muy distintos: “este rollo”, “esta tontería”, “esta gilipollez”, etc. Ahora, tras meses de promiscuidad con las letras clásicas, tras infinitos ménage à trois con los bardos más insignes, tras convocar repetidamente versos y prosas en nuestra intimidad, hemos recogido unos frutos dorados: nuestra satisfacción física y nuestro enriquecimiento personal. ¿Que no te gusta que te llame Dulcinea, Justine o Lolita? ¿Que tu nombre es María del Mar y sanseacabó? ¿Que ya está bien de simulacros?... ¿Ves? Has dicho “simulacros”. Hace un año ignorabas que existiera una palabra semejante. Te quejas además del ambiente. A mí no me importaría llevarme los libros al dormitorio, pero hacerlo en la biblioteca tiene sus ventajas. ¿Y si la ocasión pide unos sonetos de Guido Cavalcanti y no tenemos a mano más que unos madrigales de Tasso? No hay color… Tu ingratitud me hiere como una errata, un gazapo, un ripio, ya sabes a qué me refiero. ¿Has olvidado cuánto partido hemos sacado a las ediciones ilustradas de libertinos dieciochescos? ¿Y la de ideas que nos ha sugerido la antología de poesía sacra encuadernada en media holandesa, eh? Y digo yo, qué mal hay, al hacer el amor, en intentar hacer literatura.



Ilustración de "Los modos" de A. Carracci
Relato publicado en PERVERSIONES

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